Autor: Juan Velarde Fuertes
Medio: ABC España

No sólo la renta por habitante peruana es aproximadamente la quinta parte de la española, sino que al observar los coeficientes de Gini, cuyo acercamiento a cero, indican aproximación a la equidistribución, nos encontramos con que el peruano es 52,0 frente al 34,7 del español. Así se explica que, como señala el «Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008», del PNUD, España en el Índice de Desarrollo Humano ocupa el puesto mundial 13 y Perú el 87. Las informaciones, por lo tanto, acerca de la situación social en Perú, tienen que preocupar. El muy trabajado libro de Francisco Verdera V. «La pobreza en el Perú» (Instituto de Estudios Peruanos, 2007), comienza así: «El Perú es un país pobre en el que también se produjo un marcado aumento de la pobreza entre fines de la década de 1980 e inicios de la de 1990… Hubo un cambio drástico en la proporción de pobres y no pobres, tratándose de un verdadero proceso de pauperización de la población». Los mensajes populistas-nacionalistas que, por ejemplo, proceden de Chávez, podrían acentuar este proceso. En cambio, las medidas de ortodoxia económica, no sólo lo frenan, sino que lo alteran.
De ahí la alegría de contemplar un cambio radical. Ya no se busca el crecimiento hacia dentro, como defendía el estructuralismo económico latinoamericano, e incluso como ahora sostienen los defensores de Ollanta Humala y su indigenismo, los aliados de Chávez, e incluso algunos ensayos que son citados elogiosamente en ciertos círculos, como el de John Sheanan, «La economía peruana desde 1950. Buscando una sociedad mejor» (Instituto de Estudios Peruanos, 2001). Ahora se acepta que la expansión viene del comercio exterior, y concretamente del mercado norteamericano y del que crece espectacularmente en el S.E. asiático. Se aceptan, con débiles críticas, las medidas ortodoxas que defiende Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú, nada influido por keynesianismos vulgares. El presidente Alan García defiende ardorosamente, en medio de las tensiones inflacionistas, la economía de mercado. Y en su «Reflexión autocrítica sobre el Gobierno aprista 1985-1990» -págs. 103-111 de su ensayo «La revolución constructora del aprismo. Teoría y práctica de la modernidad» (Lima 2008)-, indica el abandono de las ideas perturbadoras de antaño. La subida de los precios de las exportaciones, liquida las profecías emanadas de las viejas tesis Singer-Prebisch.
Da la impresión, por todo eso, que la terrible dualidad entre la Lima fenicia y la romanidad de El Cuzco que señala en su brillante ensayo «La democracia fuerte y otras herejías políticas» (Quinto Reino, Lima, 2006) Fernán Altuve, está siendo superada. Ese cambio que es bien visible ya en Lima y en el mundo intelectual peruano, abre paso, a pesar de la dura realidad actual, a un porvenir económico que bien puede ser magnífico. A tenerlo en cuenta por nuestros inversores.

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